
Más allá de los mitos de las sativa e índica
En el trasfondo de las hojas verdes que han desencadenado debates y legislaciones a lo largo de los años, se esconde una controversia que ha persistido en la cultura popular y la comunidad científica: ¿existen diferencias realmente significativas entre las variedades Cannabis Sativa e Indica, o tal vez se trata de una dualidad infundada?
El sol se filtra tímidamente entre las nubes sobre el laboratorio de investigación botánica donde un grupo de científicos se sumergen en el análisis genético de las plantas de cannabis. Aquí, en este rincón del conocimiento, buscan desentrañar el enigma que rodea a dos de las variedades más conocidas: Cannabis sativa e indica. A medida que los investigadores profundizan en sus estudios, descubren que la realidad es mucho más compleja de lo que sugiere la cultura popular.
Entrevistamos al Dr. Martín Herrera, botánico y genetista que lidera esta investigación. “Es un error simplificar el cannabis en una dicotomía entre Sativa e Indica”, nos dice mientras examina hojas y flores bajo el microscopio. "La distinción entre estas cepas ha sido perpetuada en gran medida por el mercado y la cultura popular, pero genéticamente, las diferencias son mucho menos claras".
A medida que profundizamos en la investigación, descubrimos que las clasificaciones tradicionales se basan en características fenotípicas, como la altura de la planta, la forma de las hojas y el efecto psicoactivo percibido. Sin embargo, estas características resultan de una interacción compleja entre los genes de la planta y el entorno en el que crece, lo que hace que la clasificación sea subjetiva y variable.
La Dra. Laura Sánchez, experta en fitocannabinoides, señala: “La diversidad genética dentro de cada variedad es tan amplia que dos plantas clasificadas como sativa pueden tener perfiles químicos y efectos muy diferentes. La variabilidad es una constante en el mundo del cannabis.”

En este viaje por la ciencia del cannabis, también exploramos la historia cultural y social que rodea a estas variedades. Desde la demonización de la marihuana en los Estados Unidos en el siglo XX hasta el aumento de su legalización y aceptación en la actualidad, las etiquetas de sativa e índica se han utilizado para describir experiencias y efectos, a menudo sin una base científica sólida.
Con la aparición de cepas híbridas y una comprensión cada vez mayor de la variabilidad genética, algunos productores y consumidores abogan por una clasificación más precisa basada en perfiles químicos y terpenos en lugar de las etiquetas tradicionales. Esto plantea la pregunta: ¿es hora de abandonar la dicotomía entre sativa e índica?
Mientras el sol se pone sobre el laboratorio, dejamos a los científicos inmersos en sus estudios, desafiando percepciones arraigadas y abogando por una comprensión más profunda y precisa de la planta de cannabis. En el horizonte, la controversia persiste, pero en medio de las sombras verdes, parece surgir una verdad más matizada y compleja sobre el cannabis y sus innumerables variedades.

Ahora, analicemos sus diferencias.
Cannabis Sativa:
El cannabis, una planta herbácea perteneciente a la familia Cannabaceae, es una especie anual originaria de las estribaciones del Himalaya en Asia. Desde la antigüedad se ha cultivado por sus diversas aplicaciones, incluida la producción de fibras textiles, la extracción de aceite de sus semillas y usos medicinales, con registros que se remontan al 2737 a.C. También se ha utilizado como sustancia psicoactiva.
La versatilidad del cannabis se refleja en su fibra, utilizada en la fabricación de ropa, cuerdas, textiles industriales y papel, así como en el aceite extraído de sus semillas, que se utiliza como combustible y alimento tanto para humanos como para animales. Además, muchas variedades de cannabis tienen propiedades psicoactivas, siendo las que tienen un bajo contenido de THC las conocidas como “cáñamo” y las variedades con mayores niveles de este compuesto, especialmente presente en los cogollos de las plantas femeninas, conocidas como marihuana.

A pesar de su larga historia de uso humano, en los últimos tiempos el cultivo de cannabis ha estado sujeto a prohibiciones y regulaciones en numerosos países debido a sus propiedades psicoactivas.
La clasificación formal de la especie fue realizada por primera vez por Carolus Linnaeus en 1753.
En términos de descripción botánica, el cannabis es una planta herbácea anual con hojas opuestas, palmeadas y compuestas. Sus características incluyen flores polinizadas por el viento, tanto masculinas como femeninas, con inflorescencias cimosas. Las flores masculinas son ramificadas, mientras que las femeninas son más compactas, con un cáliz tubular.
A nivel microscópico, el cannabis presenta pelos urticantes curvos y brácteas de la inflorescencia femenina con abundantes pelos secretores.
En términos farmacológicos, el principal componente psicoactivo es el tetrahidrocannabinol (THC), aunque la planta contiene más de 500 compuestos, incluidos al menos 113 cannabinoides. Entre estos compuestos se encuentra el cannabidiol (CBD), que no es psicoactivo pero puede bloquear los efectos del THC en el sistema nervioso. La composición química varía entre las diferentes variedades de cannabis, lo que puede producir diferentes efectos en los consumidores. Además, existen formas sintéticas de THC, como el dronabinol, que pueden tener efectos farmacológicos diferentes a los preparados naturales de cannabis debido a la ausencia de otros cannabinoides como el CBD y el CBN.

Cannabis Índica:
El Cannabis Indica, también conocido como marihuana índica o cáñamo indio, es una variedad de plantas de cannabis originarias de Asia Central, concretamente de países como Pakistán, Afganistán, Tíbet y Marruecos.
En comparación con su homóloga, la Cannabis Sativa, las variedades índicas son plantas notablemente más pequeñas, densas y arbustivas, y rara vez superan los dos metros de altura. Son distintivas sus hojas, de color verde oscuro con alto contenido en clorofila y poco pigmento. El periodo de floración de la Cannabis Indica suele ser de 6 a 8 semanas después de su crecimiento vegetativo, por lo que es apta para el cultivo en interior debido a su estatura compacta y arbustiva.
Las flores de esta planta son conocidas por su amplitud y densidad, ofreciendo una variedad de aromas y sabores que van desde dulces y afrutados hasta picantes. Los altos niveles de CBD presentes en sus flores, comúnmente llamadas cogollos, son los responsables de sus efectos relajantes y potencialmente sedantes. Medicinalmente se utiliza para tratar el insomnio y aliviar el dolor, destacando su potencial como sedante natural.
La historia del Cannabis Indica se remonta a su descubrimiento en la India, donde se encontraron variedades con propiedades psicoactivas, dando origen al hachís. Jean-Baptiste Lamarck, biólogo francés, acuñó el término “índica” en 1783, al observar las diferencias entre el cáñamo europeo y las plantas medicinales cultivadas en la India.
Debido a su alto contenido de Cannabidiol (CBD), esta variedad de marihuana se ha utilizado durante mucho tiempo con fines medicinales, principalmente como agente sedante.