
Cannabis en Rusia: leyes, uso e historia
En Rusia, está prohibido poseer, vender o cultivar marihuana, y el país tiene el mayor número de personas encarceladas por delitos relacionados con drogas en Europa per cápita, principalmente en virtud del artículo 228. A pesar de esta postura estricta, hay signos de posibles modificaciones legales, ya que se está considerando la importación de cannabis para investigación médica. La legislación rusa sobre marihuana prohíbe tanto la posesión como el consumo en virtud del artículo 228 del Código Penal nacional, con sanciones que incluyen multas y prisión.
Aunque es posible que desde 2012 se hayan aplazado las penas para quienes se considera que tienen problemas con las drogas, la posesión de más de seis gramos se considera un delito penal. A menudo se ha acusado a las autoridades de exagerar las cantidades de cannabis incautadas para justificar las detenciones.
Las sanciones pueden incluir multas importantes, trabajos forzados, trabajos correctivos y privación de libertad. Sin embargo, existe la posibilidad de evitar el castigo si el individuo coopera con las autoridades en la lucha contra el tráfico de drogas.
Aunque la posesión y el consumo de cannabis son comunes en Rusia, las consecuencias legales son graves, con una tasa mínima de absolución y la mayoría de los condenados enfrentan largas penas de prisión. A pesar de esto, el número estimado de consumidores de drogas en el país es considerablemente alto.
Comercialización de cannabis en Rusia:
En Rusia, la comercialización de cannabis está prohibida y constituye un delito grave, con graves consecuencias legales. Las personas sorprendidas vendiendo esta sustancia o cualquier otra droga se enfrentan a penas de prisión que van de cuatro a ocho años, con posibles restricciones adicionales de libertad de hasta un año.
Las penas son aún más severas en el caso de ventas a gran escala o participación en una red criminal, con sentencias que van de cinco a doce años, generalmente acompañadas de multas considerables, que podrían alcanzar los 500.000 rublos o el equivalente a tres años de salario.
En casos de distribución a gran escala, en colaboración con organizaciones criminales, o si las ventas se realizan a través de un cargo oficial, las penas pueden ser incluso más largas, hasta veinte años de prisión. Además, existe la posibilidad de perder el derecho a determinados trabajos o actividades, junto con multas de hasta un millón de rublos o cinco años de salario.
A pesar de estas medidas punitivas, el tráfico de drogas sigue siendo un desafío en Rusia, y las estimaciones sugieren importantes ganancias anuales para la industria del tráfico de drogas. La falta de empleo obliga a veces a los ciudadanos rusos a recurrir a la venta de drogas como medio de vida, como lo mencionó un traficante en una entrevista con el Moscow Times.
En cuanto al cultivo de cannabis, también está prohibido en Rusia, con sanciones similares a las de la venta. Incluso quienes cultivan pequeñas cantidades de plantas corren el riesgo de ser condenados a largas penas de prisión.
Sin embargo, en junio de 2019 se presentó un proyecto de ley que podría relajar esta regulación permitiendo el cultivo de marihuana con fines farmacéuticos, pero aún está pendiente de la aprobación por parte del Consejo de la Federación y de la firma del presidente Vladimir Putin para que entre en vigor. Si se aprueba, las empresas estatales podrían obtener licencias especiales para la venta de marihuana con fines medicinales.

El estatus legal del CBD en Rusia es claro:
Todos los productos derivados del cannabis, incluido el CBD, se consideran ilegales, independientemente de su contenido de THC. Esto implica que tanto la posesión como la venta y compra de productos que contengan CBD están prohibidas en el país.
Además, las semillas de marihuana también están prohibidas y no pueden enviarse por correo a Rusia.
A pesar de la situación legal, Rusia no cuenta con un programa de marihuana medicinal y no muestra interés en implementar uno en el futuro. Sin embargo, el Ministerio de Sanidad ha expresado su intención de importar cannabis con fines de investigación médica, proponiendo cantidades específicas de hierba, hachís y aceite de hachís para estudios de adicción y para aislar componentes activos.
Antecedentes históricos del cannabis:
Los hallazgos arqueológicos han evidenciado el uso milenario de la marihuana en Rusia. Un lugar de entierro en las montañas de Altai reveló que los antiguos habitantes del país utilizaban la planta, posiblemente con fines religiosos o espirituales.
Se cree que el cannabis fue introducido en Rusia por los escitas, un grupo nómada conocido por transportar la sustancia durante sus viajes entre países, extendiendo su uso a Europa desde Rusia.
El cáñamo mantuvo su relevancia en la vida rusa durante siglos, convirtiendo al país en el principal productor mundial de esta planta desde el siglo XVIII. En 1740, alrededor del 80% del cáñamo consumido en Europa procedía de Rusia.
El cáñamo era un recurso de suma importancia para los rusos, más rentable incluso que la madera, el metal o las pieles. En el siglo XIX, la industria naval británica dependía casi exclusivamente del cáñamo ruso, lo que dio lugar a conflictos como las Guerras Napoleónicas.
A principios del siglo XX, Rusia seguía siendo uno de los principales productores de cáñamo. A pesar de la disminución de su cultivo tras la caída de la Unión Soviética, se estima que en el país todavía crecen alrededor de 2,5 millones de hectáreas de cáñamo silvestre, principalmente en regiones del Lejano Oriente y cercanas al Mar Negro.

Perspectivas sobre el cannabis:
La postura del gobierno ruso sobre el cannabis siempre ha sido opuesta a su uso, lo que influye en la percepción pública de la planta. Según los informes, el 89% de la población se opone a la legalización de la droga, una opinión arraigada desde hace muchos años.
Aunque el consumo de marihuana no está tan extendido como en otros países, como el alcohol, alrededor del 3,9% de la población rusa lo consume, una cifra similar a la de muchos países de Europa del Este, aunque inferior a la de los países de Europa Occidental.
¿Legalización en el futuro?
Dadas las actitudes negativas predominantes hacia la marihuana en el país, es poco probable que se legalice su uso recreativo en un futuro próximo. Sin embargo, los recientes esfuerzos del gobierno por legalizar el cultivo de marihuana con fines médicos y de investigación sugieren un cambio de actitud. Aunque en el futuro podría implementarse un programa de marihuana medicinal, actualmente no hay indicios que lo confirmen.
Consumo actual de marihuana en el mundo:
En junio de 2011 surgió un nuevo enfoque en el debate sobre políticas de drogas cuando la Comisión Mundial sobre Políticas de Drogas propuso un cambio de estrategia, abogando por la legalización y regulación del consumo de drogas. Argumentaron que la política de prohibición impulsada por los Estados Unidos y las Naciones Unidas había demostrado ser ineficaz, ya que el consumo de opioides, cocaína y marihuana había aumentado significativamente entre 1998 y 2008. Se señaló que la represión del consumo obstaculizaba la implementación de medidas de salud pública para abordar problemas como el VIH y las sobredosis.
En agosto de 2012, el ex presidente colombiano César Gaviria señaló un cambio en las políticas de drogas, reconociendo que se estaba desafiando un tabú en esta área.
En México se han producido intensos debates sobre la legalización de las drogas y el jurista Miguel Carbonell Sánchez abogó por un diálogo internacional inclusivo sobre el tema. Sostuvo que si bien el Estado puede desincentivar ciertos comportamientos, no debería imponer un estilo de vida mediante la coerción penal.
A nivel internacional, el panorama legal respecto a la marihuana varía. Mientras que algunos países y jurisdicciones como Australia, Canadá, Chile, España y Uruguay tienen leyes menos restrictivas, otros como China, Francia, Japón y Singapur tienen regulaciones mucho más estrictas. En Estados Unidos, aunque el cannabis medicinal está permitido en algunos estados, sigue siendo ilegal a nivel federal, aunque desde 2017 el gobierno federal ha optado por no interferir con las leyes estatales sobre la marihuana medicinal.
